miércoles, 18 de marzo de 2015

No me importa si es Atletico o Real, Madrid es increíble.

Primeras nupcias.

Llegamos a Madrid en un vuelo largo pero confortable.  Sólo con equipaje de mano por lo que salimos enseguida y pasamos a migraciones muy rápidamente.   Migraciones fue veloz aunque lo peor fue la cola que no avanzaba (ley de Murphy).   Nos sellaron los pasaportes sin mucho más que consultarnos rápidamente cuantos días íbamos a estar.   De todas maneras es importante tener en cuenta que pueden pedirte las reservas de hotel, seguro de viajero y en caso de que visites a un amigo, tener una carta de invitación (sí, aunque no lo creas, son muy rompebolas con esto!).   Sin embargo, a nosotros no nos pidieron nada.    
Del aeropueto al Hotel en 25 minutos.  En el post anterior cuento lo fácil que es llegar hasta Atocha.  Por suerte, nuestro hotel (Hostal Buelta) estaba ubicado en un lugar inmejorable.   Llegamos a Atocha y allí hacía frio.  Recorrimos la zona frente a la estación y encontramos que había una muestra de Chambí en el museo de Antropología de Madrid pero ese día estaba cerrado.   El Prado tenía una cola de una cuadra.  Estaba nublado y húmedo como si hubiera llovido por la mañana.  El hotel está ubicado a media cuadra del museo Reina Sofía, por lo que lo primero que hicimos, fue hacer el check in y dejar las valijas.   Limpio, con ascensor, baño privado, buena atención del personal de conserjería y de limpieza, recomendamos este lugar por su  relación precio-ubicación-prestaciones (colocar link del hotel en booking).   Dejamos el equipaje y partimos al Reina Sofia y aprovechamos que los domingos a la tarde es entrada sin cargo.   Por la hora y por lo inmenso del museo, apenas pudimos ver unas primeras salas, una muestra temporal de un arquitecto con unas con instalaciones que no nos llamaron la atención, más allá que alguna escultura nos recordó a Martín Velazsco.   Finalmente, casi sobre la hora de cierre, encontramos las salas de la muestra permanente donde habitan las obras de Picabia, Kertesz, Man Ray, Brassai, Juan Gris, Picasso, Dali, etc.. pero no llegamos a la sala donde se encuentra el Guernika ya que la habían cerrado.   Es la más amplia y más alejada de todo el museo y obviamente van cerrando y corriendo a la gente de atrás hacia la salida.   Cuando salimos, hasta la tienda del museo estaba cerrada.    So, decidimos caminar y recorrer el lugar que nos recibió.  
Paseamos por La Latina, por unas calles angostas, pintorescas, llenas de bares, restaurantes típicos y de exquisiteces orientales.    ES evidente que a los madrileños les gustan las buenas comidas ya que a lo largo de estos días, todos los almuerzos o cenas fueron magistrales.    Llegamos a una esquina de la Gran via y volvimos por otra calle.   Cayendo la noche, nos detuvimos en Larrazán, un restaurante de pinchos y cervezas.   Una gran variedad de delikatessen con salmón ahumado, jamones ibéricos, quesos  y gambas (camarones) que nos partieron la cabeza (y el paladar)  tomamos unas cañas (medidas de cerveza) vimos el triunfo del Real en pantalla de cine (a mi que no me gusta el futbol, era realmente atractivo ver las producciones de los jugadores y como se desenvuelven siendo conscientes que las cámaras  toman cada detalle de sus gestos).  Fin del partido, salimos a la fresca noche de Madrid, bajamos hasta la calle del paseo del prado y volvimos hasta Atocha para terminar en el hotel. 

Gratamente sorprendidos por la ciudad quedamos expectantes de todo lo que teníamos ganas de hacer y visitar.   






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